miércoles, febrero 28

Ante la muerte de su padre, tomó las riendas del campo y le cambió la cara con la ganadería regenerativa

En 2017, de un momento a otro, todos los planes de Carlos Defilippi cambiaron. Estaba a punto de graduarse de ingeniero industrial y planeaba viajar a Europa para realizar un posgrado y buscar trabajo, pero la repentina muerte de su padre le presentó un nuevo panorama: Había que hacerse cargo de una empresa agrícola familiar.

“Mis planes eran otros, pero fue una decisión tomada con mucha ilusión”, dice en conversación con Clarín Rural el joven de 29 años, arquitecto de una profunda transformación productiva que esté en sintonía con los nuevos paradigmas que se imponen.

Y luego admite: “Fue difícil, mi viejo era muy conservador, manejaba todo él solo y la empresa no estaba organizada. Primero, tuve que acomodarme al lío contable y fiscal, mientras él aprendía a manejar el campo”. Con ese desafío inicial y con una clara vocación emprendedora como respaldo, Defilippi se abrió a correr riesgos que su padre no estaba acostumbrado a correr.

La empresa cuenta con dos campos, uno de casi 5.000 hectáreas en Pampa de Achala, en la zona de las altas cumbres, sólo apto para ganadería, y otro de 250 hectáreas agrícolas en Río Primero. La primera decisión fue arrendar el campo agrícola por cinco años para centrar la atención en la ganadería Atalaya.

En Atalaya, Defilippi se ve obligada a aprovechar los pastizales naturales.

Por esos días, Defilippi vio una historia en Instagram de una ONG ambientalista en la que mostraban cómo estaban implantando bosques de tabaquillo en las altas cumbres, y les escribió para que vinieran a ver el campo. Su idea original era ofrecerles 100 hectáreas para reforestar con esa especie nativa, pero de ese encuentro nacieron ideas mucho más integrales. “Empecé a sumergirme en los temas de la restauración del suelo, los beneficios para la biodiversidad. en el manejo del agua y la erosión. Y comencé a investigar sobre ganadería regenerativa y créditos de carbono”, recuerda.

Parte del rodeo Atalaya, en el imponente y desafiante paisaje de la Pampa de Achala, en las altas cumbres de Córdoba.

En este proceso Defilippi conoció, por ejemplo, que en la provincia de Córdoba las precipitaciones tienen una estacionalidad muy alta, concentrándose el 90 por ciento de las lluvias en cuatro meses. Este factor, sumado a una sequía histórica y al deterioro generado por los cambios de uso del suelo en los ecosistemas de montaña, donde nacen los cursos de agua, hizo que conceptos como ganadería regenerativa y seguridad hídrica ganaran relevancia en los últimos años.

Un cambio radical

“Decidí cambiar radicalmente el enfoque productivo”, dice Defilippi, y detalla: “Hasta ese momento mi objetivo era aumentar el número de madres de 400 a 700, en las 4.500 hectáreas. Y dije que no, nosotros vamos a sembrar en 400, vamos a hacer ganadería regenerativa y vamos a reforestar”.

Los animales cordobeses, según su descripción, son Angus de tamaño pequeño y mediano. El servicio está previsto en enero-febrero-marzo, inseminan una cuarta parte del rebaño -las vacas que quedaron vacías el año anterior- y el resto es con toros de campo.

Se destetan temprano cuando pesan 90 kilos y luego pasan dos meses de crianza en el corral para vender los terneros que pesan entre 110 y 120 kilos. Hasta el cambio de enfoque, reconoce, no se aprovechaba bien el campo porque no estaba bien apoyado. Luego, poco a poco, la infraestructura mejoró y se pudo mantener el número de úteros en una superficie menor. Para eso Fue fundamental capacitarse en las mejores prácticas de gestión. Junto a Rodrigo Ledezma, encargado del campo, Defilippi realizó un curso sobre la llamada ganadería regenerativa.

Rodrigo Ledezma, gerente de la estancia Atalaya.

Un factor importante para entender la decisión del productor cordobés es que su campo es considerado reserva ya que se encuentra al lado del Parque Nacional Quebrada del Condorito. Es decir, se puede utilizar para producción pero con ciertas condiciones, como no establecer pastos. “Nos vemos obligados a utilizar los pastos naturales, por lo que tenemos que aprovechar el potencial biológico de otra manera”, afirma.

Ahí es donde él entra Gestión holística, que consiste en planificar el pastoreo de verano e invierno., para etapas de crecimiento del pasto y etapas en las que el pasto no crece. “Un concepto clave es tiempo de recuperación de los pastos nativos, conocer los ciclos para pastorearlos y darles tiempo de recuperación. Con tres pastos puedes empezar a implementar. A medida que aumenta el número de potreros, el tiempo de recuperación aumenta exponencialmente. Nuestra meta es poder llegar a 14 pastos en un año y medio”, detalla, y destaca la importancia de que el encargado de campo pueda capacitarse para incorporar el nuevo paradigma.

Antes y después: el acolchado permite gestionar el pastoreo para dar tiempo a las especies forrajeras a volver a crecer.

“Abandonamos la ganadería tradicional. Antes, los animales comían las plantas que les gustaban y no las dejaban crecer para reproducirse. Ahora Con esta gestión podemos producir y al mismo tiempo cuidar el medio ambiente.”, dice Ledezma, el gerente. Y agrega: “Así estamos generando un ambiente diferente, con más vegetación, más aves, más diversidad”. Luego agrega que su sueño, como hombre criado en Pampa de Achala, es que estas nuevas prácticas terminen generando nuevas fuentes de empleo para los vecinos de la zona.

En el proceso de transformación, Defilippi contó con el apoyo fundamental de CICLA Sustentable, una empresa que diseña estrategias de desarrollo sostenible que está integrada por especialistas en el tema de diferentes disciplinas. La búsqueda de fondo es de soluciones basadas en la naturaleza, y el caso de la estancia Atalaya es parte de un proyecto más amplio que abarca unas 10.000 hectáreas en la sierra de Córdoba persiguiendo la seguridad hídrica con diferentes medidas. Y siempre con una fuerte base científica.

En Atalaya, por ejemplo, realizan reconocimientos periódicos de pastos y terrenos, para observar los efectos en el ecosistema. “Nos llamó la atención la presencia de algunas especies muy valiosas. Por ejemplo, el trébol blanco o algunas pajitas que permanecen verdes durante el invierno”, dice Defilippi.

Un año después de iniciado el proyecto, la explotación ganadera ocupa poco más de 3.000 hectáreas, por lo que mantienen el número de panzas pero Liberaron alrededor de 1.500 para conservación y Ledesma ya reporta una mejora significativa en los pastos y la condición corporal del patrimonio.

Y en una parte de ese campo liberado avanzan a paso firme con la restauración del bosque nativo mediante la implantación de cientos de tabaquillos y maitenes, especies nativas que ayudan a prevenir la erosión y captar agua de lluvia. Su objetivo es reforestar 1.000 hectáreas en las zonas menos utilizables para la ganadería.

Parte de un proyecto más grande

El caso Atalaya es parte de un proyecto más amplio coordinado por CICLA que consiste en implementar Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN) para aumentar la seguridad hídrica y conservar la biodiversidad en las subcuencas de Río Primero (Suquía) y Río Segundo (Xanaes). , en la provincia de Córdoba, donde se ubica la Planta Montecristo de Coca-Cola Andina, empresa que financia la obra.

El caso Atalaya forma parte de un proyecto más amplio que reúne los esfuerzos de productores e investigadores para mejorar la seguridad hídrica en la sierra de Córdoba.

La mejora de la vegetación y del suelo reduce la rápida salida de agua en la época de lluvias y facilita la recarga de capas y la infiltración en el suelo. Las acciones realizadas en diferentes puntos de la provincia por un grupo de organizaciones agrupadas bajo el nombre Aliados por el Agua incluyen la efectividad en el manejo de áreas protegidas, el manejo y control del pastoreo, el control de especies exóticas invasoras de alto riesgo (EEI) . demanda de agua, restauración forestal, control de la erosión y prevención de incendios.