martes, mayo 21

Contrabando de papa colombiana en Venezuela: por qué es una amenaza – Venezuela – Internacional

El contrabando de papas colombianas hacia Venezuela no es nuevo, pero la preocupación crece entre los productores y asociaciones del campo, pues la competencia se considera «desleal». Además, hay que sumar los riesgos sanitarios.

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Diariamente, según la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro), has ese país ingresan por las trochas de la frontera alrededor de 20,000 kilos de papa colombiana, ya sea en forma de semillas o del rubro en sí. Mucha llega contaminado con lo que se conoce como «la verruga negra».

Esta «enfermedad» en la papa es literalmente una verruga que se expande, sufre pérdidas y sumando más calamidades a los productores venezolanos.

«Muchos productores cayeron en ese contrabando que al no tener sus debidos permisos fitosanitarios no hay control en aduana y hemos padecido la enfermedad», dice a EL TIEMPO Celso Fantinel, presidente de Fedeagro.

Muchos productores cayeron en ese contrabando que al no tener sus debidos permisos fitosanitarios no hay control en aduana y hemos padecido la enfermedad.

Fantinel agrega que «este tipo verruga está ahora dañando los suelos» y esto porque «Las cosas se hacen mal con los convenios que se firman muy a la ligera».

Para Fedeagro, no se trata solo de fijar impuestos y aranceles, sino de prestar atención a lo sanitario «porque hablamos de hortalizas, de tuberculos perecederos y que transmiten enfermedades a nuestros suelos, el mayor activo que tiene el agricultor», enfatiza.

Contrabando y costos

Llevar papa de Colombia a Venezuela es “rentable”. Según los estudios de Fedeagro, la papa colombiana tiene un costo de producción de 30 por ciento más bajo que la venezolana.

En cuanto a la producción es más o menos grande, de 20.000 a 22.000 kilos por hectárea, pero como el consumo parece haber caído en Colombia, antes que perder, los productores prefieren vender en el país.

Para ilustrar en cifras, el mercado es el siguiente: producir la semilla de papi colombiano puede contener un costo de 25 dólares y una bolsa de 50 kilos, incluyendo hasta 20, mientras que la venezolana tiene un valor de 35 dólares. La diferencia es que es papa lavada y por eso el precio es mayor. La no lavada se ubica en los 28 dolares.

“Se habla de que entra alrededor de unos 10.000, 20.000 y hasta 30.000 kilos semanales”, dijo Fantinel, quien dijo que, además, se conjuga la baja en el consumo y lo decaído del poder de compra real del venezolano.

Por la frontera también ingresa de manera ilegal zanahoria, tomate, cebolla y frutas de otros países como Chile y Perú. “Entran por Colombia, y eso afecta la producción nacional”, recalca Fantinel.

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Por ejemplo, una bolsa de 50 kilos de zanahoria de contrabando puede costar 5 o 6 dólares, donde representa pérdida para los productores venezolanos.

Ante esto La Confederación Nacional de Productores de Papa (Confepapa) viene exigiendo desde el año pasado, que detenga el contrabando del rubro desde Colombia, pues el precio en mercados no es competitivo.

«Al productor de acá le cuesta sacar papa en 18 a 20 dolares y llegan a mercado y encuentran papa colombiana a 12 dólares”, reclamó la organización recientemente.

Asimismo, el productor venezolano se enfrenta a problemas de fuga, combustible, electricidad, servicios de agua, y el decomiso de mercancías en alcabalas. “Le quitan dos sacos por cada cinco alcabalas (impuestos). Un pequeño productor pierde 10 bolsas”, lamentó Confepapa.

La producción de papa lleva su complejidad. Confepapa aclara que esta lleva cuatro curas, se utiliza tres tipos de veneno para evitar enfermedades. Los venenos son ramosol, trifosol y abertanol, por lo que los costos aumentan y es imposible competir con papa de contrabando.

Ante esta realidad, los productores y asociaciones esperan que los convenios firmados entre los gobiernos de los presidentes Gustavo Petro y Nicolás Maduro vayan más allá y procuren las entradas irregulares y sean más exigentes en cuanto a los permisos sanitarios.

ANA MARIA RODRÍGUEZ BRAZÓN
CORRESPONSABLE EL TIEMPO
CARACAS

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