sábado, abril 20

Optimizar el presupuesto para un futuro sostenible

En medio de la crítica realidad económica que enfrentamos, es imperativo analizar cuidadosamente nuestro presupuesto estatal. La pretensión de hacer recortes, aunque en principio parezca sensata, Debe ir más allá de un simple recorte indistinto. La verdadera eficacia reside en una gestión estratégica que garantice la sostenibilidad y el bienestar del país.

Uno de los errores más significativos de este Gobierno en sus recortes presupuestarios reside en haber reducido las inversiones en lugar de centrarse en los gastos administrativos y operaciones estatales. Estoy de acuerdo en que, ante la crisis financiera, debemos ser prudentes, sin embargo, la clave es dónde y cómo hacemos esos recortes, identificando y ajustando estratégicamente los gastos que no contribuyen al desarrollo sostenible del país.

Es digna de consideración la propuesta de Alianzas Público Privadas (APP) con entidades como ETESA, Aeropuerto de Tocumen e IDAAN. Esto no sólo aliviaría las presiones presupuestarias, sino que también podría aumentar la eficiencia operativa y fomentar la inversión privada en sectores clave. Sin embargo, cualquier iniciativa de este tipo debe gestionarse con transparencia y cuidado para evitar posibles problemas a largo plazo.

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Además, es relevante la sugerencia de evaluar funciones duplicadas. La existencia del Banco de Fomento Agropecuario en paralelo al Banco Nacional, así como del Banco Hipotecario con la Caja de Ahorros, son claros ejemplos de redundancia. La optimización de recursos a través de la consolidación de funciones y eliminación de duplicaciones Es una medida que podría generar importantes ahorros sin comprometer la eficiencia.

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La venta de activos estatales es otra vía a explorar. Sin embargo, es crucial garantizar que estos bienes, que en última instancia son patrimonio del pueblo, no caigan en manos que descuidan su función social. Se requiere planificación cuidadosa y evaluación de impacto antes de tomar decisiones tan trascendentales.

La redistribución de fondos hacia áreas críticas como el Instituto del Cáncer, la educación y la gestión del agua es esencial. Priorizar las necesidades fundamentales de la población es una obligación moral y una inversión de largo plazo en la salud y la prosperidad de nuestro país.

En conclusión, optimizar nuestro presupuesto no es un simple ejercicio de tijera, sino una estrategia cuidadosamente planificada para construir un futuro sostenible. El próximo Gobierno debe comprometerse a abogar por medidas responsables que aseguren un equilibrio entre la eficiencia financiera y el bienestar de nuestra comunidad. El camino hacia la estabilidad y la prosperidad comienza con decisiones informadas y conscientes.

Quiero reconocer la invaluable influencia del profesor Eric Molino en estas reflexiones, extraídas de una entrevista reciente. Sus ideas han enriquecido significativamente esta perspectiva sobre la optimización presupuestaria para el beneficio de nuestra comunidad.