Panamá y el equilibrio de poder entre EE.UU. y China: consecuencias

¿Cómo condiciona el equilibrio entre EE.UU. y China las relaciones con Panamá?

El siglo XXI ha visto un cambio significativo en la configuración del poder mundial, impulsado sobre todo por la competencia estratégica entre Estados Unidos y China. Esta rivalidad ha dejado impactos significativos en varias zonas, y Panamá se destaca por su ubicación estratégica y la importancia global del Canal de Panamá. Entender de qué manera este equilibrio afecta las relaciones de Panamá demanda un estudio de los campos diplomático, económico, tecnológico y de seguridad.

Importancia geoestratégica de Panamá: un canal de intereses cruzados

Panamá históricamente ha atraído la atención de las grandes potencias globales debido al Canal de Panamá, un paso marítimo vital por el que circula cerca del 6% del comercio internacional. Esta construcción no solo une los océanos Atlántico y Pacífico, sino que también representa un emblema de la soberanía nacional y funciona como indicador de influencias externas.

Estados Unidos ejerció control sobre el canal desde su inauguración en 1914 hasta la transferencia definitiva en 1999, tras la firma de los Tratados Torrijos-Carter. A partir de ese momento, Estados Unidos mantuvo una presencia significativa, especialmente en temas de seguridad, cooperación antidrogas e inversión.

Sin embargo, desde la primera década del 2000, la influencia de China comenzó a crecer, impulsada por su iniciativa global de la Franja y la Ruta. China se posicionó como uno de los principales usuarios del canal y, en 2017, estableció relaciones diplomáticas formales con Panamá, desplazando a Taiwán como socio oficial. Esta decisión generó ecos en la diplomacia internacional y modificó los términos del juego geopolítico en la región.

Relaciones económicas: entre la diversificación y la dependencia

Estados Unidos sigue siendo el principal inversor y socio comercial de Panamá, representando cerca del 20% de las exportaciones panameñas y constituyendo un mercado primordial para numerosos sectores. A través del Tratado de Promoción Comercial, vigente desde 2012, ambos países mantienen un flujo importante de bienes, servicios y capitales.

No obstante, el auge chino en Latinoamérica ha tenido impacto directo en Panamá. China ya figura entre los primeros socios comerciales y es el segundo usuario más importante del canal. Ha realizado inversiones millonarias en logística, puertos y telecomunicaciones; por ejemplo, empresas chinas han impulsado megaproyectos como la construcción del cuarto puente sobre el Canal y han mostrado interés en desarrollar Zonas Francas y parques industriales.

El equilibrio, sin embargo, exige cautela: Panamá busca aprovechar las oportunidades que ofrece la relación con China, pero sin poner en riesgo los vínculos históricos y estratégicos con Estados Unidos. Operadores de ambos países compiten por controlar nodos logísticos y cadenas de suministro, lo que obliga a Panamá a implementar políticas de diversificación y a reforzar la normativa para evitar la dependencia excesiva de algún socio en sectores sensibles.

Infraestructura y tecnología: rivalidad por el poder

La rivalidad entre Estados Unidos y China se refleja igualmente en la competición tecnológica e infraestructural. Empresas chinas, tales como Huawei y China Harbour Engineering Company, han manifestado su interés en involucrarse en iniciativas de conectividad y digitalización en Panamá. La iniciativa para implementar una red 5G provocó tensiones, ya que Estados Unidos alertó sobre los potenciales riesgos de ciberseguridad vinculados con el uso de tecnología china en infraestructuras esenciales.

Panamá, consciente de estas presiones, optó por retrasar la adjudicación de proyectos relacionados con redes avanzadas hasta evaluar los posibles impactos geopolíticos y de seguridad. Este dilema es recurrente en otras áreas, como la gestión portuaria y el desarrollo de zonas logísticas, donde la presencia simultánea de capital estadounidense y chino obliga a las autoridades panameñas a tomar decisiones calculadas.

El caso del puerto de Balboa es emblemático: la concesión de operaciones a empresas chinas generó preocupaciones en Washington y en organismos regionales de seguridad, ante el temor de que China pueda ejercer control sobre rutas comerciales estratégicas. Tales episodios han llevado a Panamá a fortalecer la transparencia y los controles regulatorios en la adjudicación de obras y concesiones.

Relaciones internacionales y protección: armonía en un mundo lleno de conflictos

El inicio de vínculos diplomáticos con la República Popular China marcó un momento crucial para la política exterior de Panamá, aunque también presentó retos importantes. Estados Unidos vio este movimiento como un componente de la estrategia china para socavar su dominancia en la región. Como respuesta, incrementó sus programas de cooperación en seguridad, combate al crimen transnacional y entrenamiento militar.

Por su parte, China ha desplegado diplomacia económica, proponiendo créditos blandos y apoyo técnico en sectores ajenos a la esfera militar, como salud y tecnología. No obstante, el contexto internacional –caracterizado por conflictos comerciales y rivalidades entre Washington y Pekín– obliga a Panamá a mantener una política de prudencia y equidistancia, evitando institucionalizar el alineamiento exclusivo con una de las potencias.

La seguridad nacional del istmo es un tema de especial sensibilidad, dados los intereses de ambos países en áreas como vigilancia marítima, protección de infraestructuras críticas y fiscalización de dinero ilícito. Panamá ha fortalecido la cooperación con ambos actores, recibiendo asistencia y capacitación que le permite responder de manera más eficiente a amenazas emergentes, pero evitando comprometer su autonomía en la toma de decisiones estratégicas.

Dimensión cultural y proyecciones futuras

La presencia de China abarca más allá del comercio y la tecnología; alcanza el ámbito cultural a través de los institutos Confucio y programas de intercambio educativo. Esta estrategia de diplomacia quiere generar simpatía entre los panameños y proyectar una visión favorable de China, en contraposición a la histórica influencia cultural de Estados Unidos en Panamá.

A largo plazo, la sostenibilidad del equilibrio dependerá de la capacidad panameña para diversificar su política exterior y fortalecer sus instituciones, de modo que aproveche las ventajas de ambas relaciones sin caer en la dependencia. El contexto global, marcado por desconfianza y rivalidad entre los dos gigantes, sugiere que Panamá deberá ejercer un papel activo y flexible, priorizando la transparencia, la autonomía y la protección de sus intereses nacionales.

La vivencia panameña representa el desafío de las pequeñas naciones en la era multipolar: gestionar adecuadamente las oportunidades sin perder autonomía, maniobrar con destreza entre presiones externas diversas y solidificar un modelo de desarrollo único en un entorno geopolítico muy activo. Este equilibrio, si bien es frágil, puede transformarse en un medio para incrementar la resiliencia del país y reforzar su presencia en la escena internacional.

Por Mario Betancourt Espino