lunes, junio 24

El cielo no es privado

[…] el individualismo que mal distribuye las riquezas en Panamá, es el mismo que mantiene al pueblo dividido y débil

El sentido de responsabilidad, es uno de los valores morales que ha perdido nuestra sociedad. Recordando, obviamente, que la moral la dispone la sociedad. De hecho, podríamos decir que la moral es el conjunto de normas consensuadas, que le permiten a determinada sociedad existir en comunión y de avanzada. Cuando el tiempo transcurre, muchas de estas normas van quedando en desuso, son eliminadas o reemplazadas. Lo que pasa en la sociedad moderna, es que intenta reemplazar las normas morales con ciencia y tecnología. No señores, la ciencia y tecnología responden a enfoques racionales humanos. Sin embargo, hay cosas que solo responden a su naturaleza, y eventualmente están por encima del razonamiento. Allí es donde nos equivocamos, porque sesgamos nuestro pensamiento. Hoy en día, las personas quieren evadir su responsabilidad, y eso nos está trayendo fallas sistémicas en toda la sociedad. Estamos llegando a contradicciones temáticas que, eventualmente, podrían llevarnos a poner en riesgo, inclusive, la continuidad de nuestra especie.

Muchas cosas, aunque parezcan iguales, no lo son. De hecho, cada cosa vale simultánea y equilibradamente, tanto por su individualidad como por el valor que dicha individualidad aporta a la sociedad. Dentro de ese esquema se encuentra la responsabilidad. Como bien sabrá usted, y cualquier persona que haya manejado grupos o proyectos: “Las funciones se delegan, pero la responsabilidad no”. Esto quiere decir que, si usted es jefe de un departamento, podría decirles a sus subalternos que actúen de cualquier forma (buena o mala) Como sea, la responsabilidad al final de cuentas siempre será suya. ¿Por qué? Por ser jefe del departamento. La naturaleza del cargo que desempeña se lo exige. De forma similar, podríamos preguntarnos: ¿La responsabilidad de usted llevando a cuatro conocidos, sería la misma a la de un conductor de autobús público llevando a sesenta desconocidos?… Cuantitativamente no, aunque cualitativamente parezcan lo mismo. Tengamos claro que todo juicio moral ha de considerar en esencia dos valores por acontecimiento: Uno cuantitativo que define cantidad de afectados y otro cualitativo que define la calidad de la afectación. Digamos que la afectación podría ser la misma, pero, la cantidad de perjudicados podría aumentar la malignidad del daño. Claro que, si su pensamiento es individualista, se inclinará por ver el daño en función de la calidad y su afectación personal. Y si usted es socialista, se inclinará por ver la cantidad del daño en función a lo social. Y allí es donde el panameño comúnmente se equivoca.

La perspectiva individualista de nuestros conciudadanos hace que todo lo enfoquen desde su conveniencia, es decir, cualitativa y no cuantitativamente. O, dicho de otro modo, si no me afecta no me importa. Luego, la tortilla se nos voltea, al vernos socialmente afectados por el lado cuantitativo-colectivo. Esto es, por ejemplo, tener un buen celular, y no tener medicamentos en el Seguro Social. Vivir en una casa bonita, donde no recogen la basura o se va el agua a cada rato. Comprar un vehículo último modelo, para manejarlo en calles destartaladas. Tener mucho dinero, pero vivir con miedo a que me roben o secuestren, etc. Allí se nos acaba el enfoque individualista-cualitativo, y entendemos que “el cielo no es privado”. Entonces, pedimos a la sociedad “que actúe”. Pero, una sociedad llena de personas individualistas, no tiene potencia social. Por eso, siempre protestan tres o cuatro gatos. Si usted analiza el panorama sociopolítico completo, notará que el individualismo que mal distribuye las riquezas en Panamá, es el mismo que mantiene al pueblo dividido y débil. Porque, así como usted, sus amigos y familiares son cuantitativamente muy pocos para la sociedad, los ricos y sus amiguitos (incluyendo a los políticos) son cuantitativamente muy pocos en comparación al volumen social. Pero todos queremos lo mejor para nuestro círculo, cualitativamente hablando. Mírelo en escala, tan solo es un tema de individualismo y adláteres (egoísmo, egocentrismo, avaricia, megalomanía, etc.).

El panameño es tan individualista, que todavía racionaliza los actos delictivos de sus representantes políticos como si fueran suyos, absolviéndolos de toda responsabilidad en las faltas que cometen. Es decir, “sí, él lo hizo por sus amigos y familiares… yo también hubiera hecho lo mismo”. Tal vez usted considere (cualitativamente) que ese tipo de pensamiento es válido, pero, cuantitativamente, es muy precario. ¿Por qué? Porque ese político, a quien usted justifica, representa a todos los votantes de su circuito, distrito o país. Si ese político falla, su responsabilidad ha de ser mucho mayor a la de usted, la mía o la de cualquier otro ciudadano. Así debería ser el tipo de introspección social requerida, para empezar a replantearnos la democracia panameña antes de acudir a las urnas el próximo año.

Ingeniero